sábado, 2 de julio de 2011

Beso

Su aroma me llegaba de una forma agradable, su pelo me hacía cosquillas en la cara y mi mano se cernía en su cintura. Estábamos tranquilos, disfrutando de la presencia del otro o bueno, eso hacía yo. Debía admitir que a veces él me parecía lejano, inalcanzable pero entonces aparecían estos momentos de equilibrio donde nos sentábamos debajo de este árbol y conversábamos amenamente.

Levanté su mentón para ver fijamente sus azules ojos y él sonrió nervioso ¡Cómo me encantaba esa expresión! Perdí mi mirada en la suya y él hizo lo mismo con la mía, sin darnos cuenta, terminamos con nuestros labios juntos. Era un beso tierno, tranquilo, como la mayoría de los que teníamos. Siempre un simple roce con alguna pequeña caricia. Abrí los ojos con parsimonia -¿Cuándo los cerré?- y él tenía su mirada avergonzada volteada hacia otra dirección, tratando de evitarme mientras aminoraba ese gran sonrojo que tenían sus mejillas.

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